Europa | Italia | Bolonia: la roja, la docta y la gorda
Hay ciudades con personalidad propia y Bolonia es una de ellas. Rica en movimientos políticos y culturales durante décadas, la capital de Emilia Romaña, al norte de Italia, sigue atrayendo por deliciosa gastronomía, su ambiente envolvente y sus colecciones de arte.
Texto y fotos: Michele Azzu | Marco Nurra
Hay ciudades en el mundo que tienen personalidad, lugares que hasta el viajero menos habitual puede reconocer desde el avión por su silueta. Bolonia (en italiano Bologna, Bulåggna en dialecto boloñés), capital de Emilia Romaña (en el norte de Italia), es sin duda una de esas ciudades. La llaman la Ciudad Roja, por el color de sus tejados y de sus fachadas, pero también por haber sido núcleo del Partido Comunista Italiano y de la resistencia partisana contra los fascistas en la II Guerra Mundial.
Hoy en día, sigue siendo una ciudad rica en movimientos políticos y culturales. Es también conocida como Bolonia la Docta, gracias a su universidad, fundada en el 1088 (la más antigua de todo occidente). A su vez, por su economía floreciente y su deliciosa cocina, apreciada en toda Italia, se ganó el sobrenombre de Bolonia la Gorda. Al turista no le faltará nada: monumentos espectaculares, altas dosis de diversión, buena cocina y una fuerte identidad cultural. Perderse entre la gente, por las calles y travesías medievales, os hará daros cuenta de que no existe un lugar así en toda Italia.
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Herencia de voluntad y visión creativa
Titular del estudio chileno que fundó su padre, Pedro Gubbins detalla la características de su trabajo, sus obsesiones y su manera de enfrentar la realidad.
Miguel Jurado. mjurado@clarin.com
Invitado a participar de la XII Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, el chileno Pedro Gubbins estuvo en Buenos Aires. Su presencia fue oportuna para hablar del alto nivel que muestra la arquitectura chilena de los últimos años. Como heredero de una tradición familiar ligada a la arquitectura, Gubbins tiene una visión extrageneracional que resulta más abarcativa. Minutos después de su conferencia en el Centro Cultural Recoleta, Gubbins recibió a ARQ para hablar de sus comienzos, su forma de trabajar y las obras que mejor lo representan.
—¿Cómo descubriste tu vocación?
—La verdad es que me surgió naturalmente. Mi padre es arquitecto, lo vi trabajando de eso toda la vida, así que nunca tuve que hacer una elección. Se dio sola.
—Siendo así, tu papá debe haber influido mucho en tu forma de proyectar
—Bueno, es el culpable de que haya estudiado arquitectura, además, estamos trabajando juntos ahora hace diez años ¿En qué me influenció? En cortarme los dedos con los cuchillos de tanto hacer maquetas…(risas). Es muy trabajador, apasionado, un tipo que todo el día está midiendo cosas, tratando de meterse con los temas nuevos de la arquitectura. Es por eso que nuestra oficina abarca de todo, hacemos ampliaciones, metros (subtes), canales de televisión y hasta planes maestros, desarrollos urbanos y bordes costeros. Este perfil heterogéneo hace que el estudio sea como una escuela. No somos especialistas en nada y en todo. Lo que no sabemos, lo aprendemos. Yo diría que el legado que me transmitió mi padre es ese: no transformar la arquitectura en una industria, resolverla para quienes debe servir con una visión lo más amplia posible.
—Viniendo de una familia de arquitectos, muchas veces la relación con la facultad resulta problemática ¿Cómo fue tu caso?
—Bueno. Me metí en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile porque, en los años 80, tenía algo que ha ido perdiendo: heterogeneidad en la gente, en su clase social, en su lugar de origen. Me recibí en el 85, después fui ayudante. Me gustaba dar clase, actualmente soy profesor en la Universidad de Chile (hace como diez años) y además doy clase en una privada, la Universidad de San Sebastián. Dar clases te mantiene vivo. En ese sentido, junto con la mayor producción arquitectónica que hemos tenido en Chile en los últimos diez años, las oficinas se han transformado en lugares de mayor experimentación-que las universidades. Se ha producido un fenómeno curioso.
“La simplicidad es el mejor diseño” – Nigel Holmes
El británico Nigel Holmes habló de los desafíos que enfrentan los medios gráficos para captar a los lectores.
Carlos Guyot
LA NACION
Nigel Holmes comenzó su carrera a principios de los años 70 como diseñador de revistas y diarios en su Londres natal, pero en 1977 viajó a Nueva York para crear el departamento de gráficos de la revista Time. Desde allí se convirtió en uno de los precursores de la infografía moderna y 16 años después creó su propia empresa, Explanation Graphics.
Video: Las claves del diseño de información, según Nigel Holmes (en inglés)
desde “La simplicidad es el mejor diseño” – lanacion.com.
Small Worlds. El gran Nigel Holmes en Buenos Aires
por Piscitelli



































